Se realiza en 1990 en Posadas – Misiones, bajo el lema “¿Para qué nos juntamos?” los días del 23 al 25 de noviembre del mismo año, donde se reúnen veinticinco hermanas, pertenecientes a CRIMPO (Comunidades religiosas insertas en medios populares) para discutir sobre el sistema de salud y sus propias experiencias de trabajo en relación a la salud. Van definiendo “líneas de acción” entre las que surge la necesidad de espacios de encuentros todos los años.
Los objetivos de este encuentro fueron:
Compartir, descubrir, reflexionar y discernir los valores de vida que tiene el pueblo, desde su sabiduría y experiencia.
Compartir nuestras experiencias de servicio al pueblo pobre en el campo de la salud.
Clarificar nuestra misión profética.
Los principales ejes temáticos abordados fueron: La Realidad de la Salud en el país y en el NEA. Sistema de Salud. Experiencias en actividades relacionadas con Salud.
En este primer encuentro se trabaja con la metodología del Ver – Juzgar – Actuar- Revisar – Celebrar.
Luego de ver la realidad, se concluye que la salud, en definitiva la vida está en terapia intensiva. El pueblo pobre inmerso en el círculo vicioso de la pobreza, muchas familias, con necesidades básicas insatisfechas, sin recursos para salir de este círculo. Pobreza que genera hambre, la pobreza y el hambre que generan enfermedad.
Por otro lado, el sistema de salud, centrado en la enfermedad, ajeno a las necesidades de las personas y las comunidades, sin respuestas. La enfermedad se transformaba en la propia causa y consecuencia de la pobreza y el hambre.
El juzgar, reconoce al “dios mercado”, como la causa principal de esa realidad, al sistema de salud como una de las herramientas del mercado para el justificar el sacrificio del pueblo. Esto se visualiza claramente en la relación médico – paciente.
El primero que detenta la idea de un saber absoluto, omnipotente, con alto nivel de discriminación, utilizando un lenguaje que no es comprensible en la atención cotidiana, sin mostrar alternativas al sistema hegemónico.
Por otro lado, el paciente con su saber propio, se ubica en esta relación desde un lugar de sumisión ante el cual queda indefenso frente a las decisiones que debe tomar para su propio bienestar.
En medio de esta relación asimétrica, se encuentra el promotor de salud, quien podría mediar para que no se trate de una relación de dominación de uno sobre otro, sino que se establezca un común acuerdo para la atención de la salud.
Actuar, a partir de la realidad, con una tensión entre un sistema de muerte y la utopía de alcanzar un nivel de vida saludable para toda la población.
En este sentido, se reconocen que existen dos caminos a transitar: la denuncia de todo lo que oprime al pueblo – misión profética- y por otro lado el anuncio del Dios de la vida, a través de transfigurar lo ordinario, revitalizar lo masacrado y reconciliar lo discriminado -mística cristiana-
A partir de esto, se analiza la necesidad de articular inter-sectorialmente diócesis, provincias, otros sectores, región, país, de manera de trabajar mancomunadamente.
Se plantean como propuestas:
Generar recursos propios
Recuperar la sabiduría popular
Educación para la salud
Elaborar material de educación popular
Recoger datos estadísticos
Que la gente tenga un reconocimiento de sus derechos
Interpelar personas, instituciones, sistemas y situaciones, con un proyecto comunitario y una relación fraterna entre médico – paciente.